Un torbellino de alegría y gracia

Victoria Treviño es un torbellino de energía y gracia. Con el cabello oscuro y espigada figura su imagen evoca la elegancia de los grandes escenarios del ballet.  Así seguramente también la veía su abuela, quien la motivó a integrarse en el maravilloso mundo de la danza clásica.  De niña, su vida había estado marcada por las intrépidas aventuras de rebeldía que en realidad escondían una gran emoción por el arte.  Desde joven, su pasión por la danza la llevó a Inglaterra, donde se reafirmó como bailarina en los más prestigiosos teatros. Sin embargo, al regresar a su tierra natal, México, se encontró con un vacío que la inquietaba profundamente: la juventud mexicana carecía de acceso a la danza clásica.

Con un lustre en los ojos que solo los soñadores poseen, Victoria decidió actuar. Fundó el Ballet Joven de la Ciudad de México, un proyecto que no solo buscaba la perfección técnica, sino que también pretendía empoderar a los jóvenes a través del arte. Su objetivo era claro: cultivar talento, pero, sobre todo, encender una chispa de pasión por la danza en cada uno de sus alumnos.

Al principio, los días en el estudio eran intensos. Se escuchaban risas, tropiezos y a veces lágrimas; cada ensayo era un microcosmos de emociones. En aquel espacio, Victoria se convirtió en más que una maestra: se transformó en una mentora y guía. Se esforzaba por v...

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